Podríamos definir, a las personas con discapacidad intelectual como una forma singular y determinada genéticamente, de ser y estar en el mundo, de la que los que nos llamamos “normales”, tenemos mucho que

aprender

.

Lo que sí está perfectamente claro a estas alturas es que una adecuada atención afectiva, educativa y social, aplicada desde los primeros momentos sobre estas personas, van a influir decisivamente en el desarrollo de sus potencialidades, generalmente subestimadas por nuestro entorno social.

Vivimos en un momento de cambios, de mejoras, en lo que respecta a la sensibilización ante el discapacitado desde muchas perspectivas, entre ellas la médico-científica, lo cual se está traduciendo en que estas personas disfruten, cada vez más, de una buena salud y una vida más larga y feliz.

La persona con discapacidad intelectual es un beneficio para todos porque aporta y promueve valores que hacen a la sociedad más digna de llamarse humana.