Habitualmente remarcamos y ponemos en realce la singularidad de las personas con necesidades especiales, y esto lo hacemos en el buen intento de que dichas personas no queden perdidas en su patología y se conviertan en como comúnmente se dice: “un down,” “un X frágil”, “ un autista”, etc.Tal vez en esta afirmación de la identidad, acentuamos tanto la singularidad de los sujetos que terminamos por marginarlos cambiando el rótulo de la patología por el rótulo de la singularidad.En este aspecto todos somos singulares, hasta nuestras mascotas lo son, cuando yo digo:” venga mi mimoso”, vienen mis dos gatos, sin embargo cuando digo “Sofi” viene sólo uno, si esto ocurre con los animales cuánto más con las personas que gozan de la posibilidad de auto referirse desde la autoría de sus propias producciones.Creo que en esta veta es donde deberíamos poner mayor atención y mirada, en este plano cualquier niño puede ser singular, sin embargo no cualquier niño goza de la autoría de su propio hacer, aún aquellos en los que la patología no instala ningún rótulo.Así tanto desde el ámbito terapéutico como el escolar o el familiar debemos fomentar la autonomía de los niños con necesidades especiales para que aprendan a descubrir desde la esencia de su propio ser, como cualquier otro niño, sus limitaciones o debilidades y aquellas fortalezas que sostendrán sus procesos de aprendizaje.Aprendizaje que promueve la búsqueda y el encuentro con un sí mismo, que se amplía y enriquece sin olvidar sus orígenes, sin perder la meta a la cual se dirige.