Sandra y Andrés Eduardo, Es la historia de dos hermanos uno con discapacidad y otro no
Sentada en mi escritorio, me decido a empezar, organizo todo: libros, hojas de papel, marcadores y bolígrafos, de manera que no me falte nada. Ya saben, para evitar posibles distracciones. Sin embargo mi método no resulta porque al levantar la vista me encuentro con una pared forrada de recuerdos y de caras que representan un mundo aparte para mi...me detengo a ver las fotos y los paisajes de mi país, uno por uno, y me doy cuenta que hay un rostro que se repite una y otra vez dentro de tantos recuerdos y sentimientos, una carita que me hace sonreir y me llena de deseos de volver a mi Venezuela, esa es la carita de mi hermano menor: Andrés Eduardo.
Hace nueve años, recuerdo como Mamá y Papá nos llamaron a mi y a mis hermanos para darnos una misteriosa "noticia". Nos sentamos todos en la sala, mi hermanita menor de apenas un añito, Eduardo con 7 y yo de 10. Papá y Mamá no paraban de sonreir, y entre abrazos y risitas nos dijeron que íbamos a tener un hermanito. Fue un momento mágico, único, la emoción se subió a nuestras mejillas y llenos de rubor no parábamos de brincar y de gritar: ¡¡Un hermanito, un hermanito!!
El tiempo transcurrió y así llegó noviembre. Mamá y Papá ya estaban en la clínica y nosotros con las abuelas nos quedamos esperando la llamada de Papá. Finalmente ocurrió, la noticia llegó para decirnos que había nacido un hermoso varón. La alegría y emoción llegaron a su máxima expresión. Sin embargo, algo muy complejo para mi entendimiento de niña ocurrió y la luz de la felicidad se fue haciendo más y más pequeña.
Por días esperamos por la llegada de Andrés, y cuando por fin vino a casa, Mami nos mostró la criatura más frágil y hermosa que jamás vi...un bebecito que más bien parecía de porcelana, de la porcelana más fina y delicada que se puede encontrar...una porcelana que entre todos, como uno sólo, íbamos a cuidar, a proteger y a hacer fuerte para que nada ni nadie la resquebrajase.
Poco a poco y entre todos empezamos este proceso mediante el cual haríamos más fuerte a nuestro pequeño "muñequito de porcelana". Día a día, con dedicación y mucho cariño, fuimos haciendo de Andrés lo que es hoy, y a través de él y sus avances, sus dificultades y sus logros, nos hemos vuelto más humanos, más sensibles y más unidos. Andresito ha sido y es alguien muy especial, que ha hecho de mis padres un ejemplo de amor, dedicación, esfuerzo y fortaleza, que me llena de orgullo y me da ánimos para continuar esta batalla, que aún no termina y que a través de este concepto de familia que es tan nuestro, se ha convertido en una batalla que es de todos nosotros.
Mis ojos se llenan de lágrimas al recordar sus primeras palabras, sus primeros pasitos vacilantes y osados, su inocente risa, son lágrimas que muy pocas personas logran tener en sus vidas, son lágrimas de alegría, lágrimas que representan más que la más viva de las risas, es una alegría que viene del corazón, del corazón de alguien tan dulce y especial, que forma parte de cada uno de los miembros de mi familia...
« Videos de discapacidad intelectual quieres conocerles... | Inicio | rosana si tu estas aqui quiero estar sin ti »


Escribe un comentario