Asprona reúne a 61 allegados de personas discapacitadas para intercambiar experiencias

Atención directa a las personas con discapacidad intelectual, sí. A sus padres, por supuesto. Pero, ¿qué pasa con los hermanos, con los amigos, con quienes, en definitiva, comparten con todos ellos mucho más que una simple relación? Hasta ahora, la respuesta es muy clara: nada de nada. Por primera vez, una asociación relacionada con el mundo de la discapacidad, en este caso Asprona, se ha percatado de que ese colectivo es precisamente vital a la hora de potenciar las posibilidades de las personas que tienen problemas físicos, intelectuales o sensoriales y siguen encontrando barreras en muchos casos insuperables.

Zancadillas de una sociedad que reacciona lentamente ante una normalización que llegará antes o después, pero que llegará. Entre otras cosas porque hay quien no baja los brazos, quien no se cansa de reclamar que las personas con discapacidad intelectual tienen sus deberes, pero también sus derechos.

Inculcar valores

Y por eso, para inculcar esos valores e intercambiar experiencias, el programa Talleres de la Imaginación de Asprona convocó ayer en el centro asistencial de Laguna de Duero a 61 hermanos y amigos que han decidido tomar parte de esta iniciativa pionera.

«Esto ya no es como se pensaba hace veinte años, cuando las familias entendían que la persona con discapacidad solo podía vivir dentro del entorno familiar, de tal forma que pasaban de casa de los padres a casa del hermano», explica la psicóloga Elena Herrera, que coordinó ayer el coloquio '¿Cómo le veo, cómo le ven?'. La reunión sirvió además para percibir que los hermanos juegan el papel fundamental en la concienciación de que una persona con discapacidad intelectual debe poder elegir su independencia.

Para la responsable del Servicio Asociativo de Asprona, Charo Borreguero, «la experiencia les sirve para fortalecerse y saber que no están solos en el camino».