va de dicado a todas las madres que tienen hijos con discapacidad intelectual...
LLORE POR PRIME RA VEZ…
Lloré la primera vez que vi a mi hijo en una incubadora, todo azul con tubos en las venas, en la nariz y en los pulmones. Solo los aparatos lo mantenían vivo. Tan indefenso, dependiente de las habilidades de médicos y enfermeras. Siento miedo por Caleb, mi hijo.
Lloré la primera vez que miré a los ojos de su hermana y vi su dolor y su temor. ¿He estado tan absorta en mi propio dolor que no logré ver el de ella? ¿Qué puedo decirle? ¿Qué promesas hacerle? No la quiero menos, sino mucho más. Ambas sentimos dolor por Caleb, mi hijo.
Lloré la primera vez que tuve a mi hijo en mis brazos. Tan pequeño y frágil, indiferente a mi voz, a mi roce. Aún conectado a tubos y aparatos. ¿Vivirá? ¿Lo llamará Dios a su lado? Mi corazón siente dolor por Caleb, mi hijo.
Lloré la primera vez que lo llevé a casa, sintiéndome tan asustada e insegura. ¿Podré cuidar de este niño que no emite sonido alguno? ¿Estará bien? ¿Podré percibir sus necesidades?
Lloré la primera vez que el doctor me dijo Parálisis Cerebral. ¿Qué significa? ¿Qué tipo de futuro tendrá? ¿Podrá caminar, arrastrase, o al menos voltearse? ¿Estará en silla de ruedas, dependiente de mi para siempre? ¿Tendrá retardo mental? ¿Podrá curarse? ¿Qué pasará con Caleb, mi hijo?
Lloré la primera vez que mi hijo Caleb lloró. ¡Hizo un sonido! Su primera comunicación. Ahora sabré cuando algo anda mal, cuando necesita mi atención, cuando necesita mi amor. ¡Ahora sí parece que hay un bebé en casa! Caleb, mi hijo, puede llorar.
Lloré la primera vez que mi hijo sonrió. Una señal de placer. Su vida no es tan mala. Sí siente felicidad y confort. ¡Algo marcha bien! ¡Sus ojos brillan! ¡Sus cachetes se inflaron! ¡Qué preciosa, la primera sonrisa de mi hijo!
Lloré la primera vez que mi hijo dijo “Mamá”. Tanto orgullo por su logro. Colocó sus labios sobre mi cachete, inhaló profundamente y con toda su fuerza formó los sonidos.
Mi hijo, un joven, se sabe mi nombre.
Lloré la primera vez que lo miré y pude ver más allá de mi misma. Una persona, aunque pequeña, un individuo, con sus propias necesidades, sus propias alegrías, sus propios temores. Necesita mi amor y reparte el suyo sin medirlo. Mi hijo, efectivamente, todo un joven.
Lloré la primera vez con lágrimas de felicidad. Ya no era con dolor o temor, sino con orgullo por este joven que se ha esforzado tanto, porque él puede apreciar las cosas sencillas de la vida. No siente miedo del futuro. Vive cada momento tal como se presenta y siente placer de ser Caleb, mi hijo.


eleremita dijo
a mí me dan ganas de llorar cuando veo tu post, pero no por tu hijo, hermano o lo que sea, sino por tí.
5 Junio 2007 | 07:46 PM