A veces me retiraba a mi torre y pretendía que no tenía otras responsabilidades que no fueran las de distraerme con un libro o una cinta musical tranquilizadora.
La tregua usualmente no duraba más de una media hora y nunca fue suficiente, pero me ayudaba a romper el modelo de "mártir" al que yo me aferraba a vivir, pretendiendo respirar sólo para mis niños.
En esos momentos de censura silenciosa yo podía renovar el sentido de mí misma y recordar que yo también era importante, que yo era Kate, una persona, con muchas habilidades e intereses que muchas veces no coincidían con mi papel de madre.
Me vine a dar cuenta que un poco de egoísmo no es malo.
Yo también pienso que para poder darme con amor a los demás, primero tengo que amarme a mí misma y sentirme satisfecha. Si estoy bien, puedo hacer sentir bien a quienes me rodean


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados